El roble francés es el que goza de más calidad, presenta el grano más pequeño, por lo que la capacidad de interacción del vino con el oxígeno se desarrolla de manera más lenta, la barrica suele aportar al vino una gama aromática marcada por los matices especiados y la sempiterna vainilla. Los vinos envejecidos en roble francés gozan de una mayor sutileza a la vez que precisan de encubados ligeramente más largos que los de roble americano. Por contra, el aprovechamiento de la madera para la fabricación de las duelas es menor que el americano, por lo cual su precio aumenta considerablemente respecto a la barrica de roble americano. El roble americano tiene una presencia más intensa en el vino envejecido. los aromas suelen aparecer más nítidos, más marcados, menos sutiles que los de la barrica de roble francés, y al margen de los habituales tostados son remarcables las reminiscencias a coco. Al tener el grano más grueso, la interacción con el oxigeno es mucho mayor por lo que el vino evoluciona de manera más rápida.

De manera totalmente subconsciente el empleo de roble francés para el envejecimiento a mi, con sus especias, me arroja imágenes de tinte oriental, y el uso de roble americano, sucintas notas tropicales. Que quieren que les diga, será por la gana que tengo de vacaciones.

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Al margen de las particularidades de cada tipo del madera, es el enólogo, quien, en función del tipo de vino que quiera envejecer y del tipo de caldo que quiera conseguir, empleará una u otra, aunque la tendencia actual es emplear ambas, primero una y luego la otra. Los dos tipos de madera no son mejores ni peores, sino diferentes.

El roble español, que según ciertos estudios arroja unos resultados idóneos para la guarda de vinos, presenta el inconveniente de que los bosques españoles no están optimizados para este tipo de explotación y las unidades de roble españolas suelen presentar un aspecto irregular y con numerosos nudos, con lo cual el grado de aprovechamiento de los árboles españoles es mucho menor y por tanto, el producto resultante es más caro. Y es que, los planes de adecuación forestal para el empleo de roble en barricas españolas no son muy populares, ya que se desarrollan para un futuro no inferior a cien años, y, claro está, no hay administración que lo valore adecuadamente.

El roble que se da en el norte tiene unas características que lo acercan a la calidad presentada por el roble francés. Por contra, el roble riojano y castellano, se asemeja más al roble americano. A pesar de la complicación ya comentada, empiezan a surgir las primeras empresas que comercializan barricas de roble español (principalmente riojano).

También comienza a ser bastante habitual el empleo de maderas (roble obviamente) provenientes del Este europeo.

Para constatar la importancia de la industria tonelera, sirva como ejemplo que sólo en la Rioja, el parque de barricas de madera ronda el millón de unidades, las cuales presentan una vida óptima de ocho o diez años (seis según la tendencia actual de emplear encubados más cortos utilizando barricas nuevas).

En cuanto a la capacidad de las barricas, parece que el estándar por su apropiada relación entre la cantidad de vino y los elementos que proporciona la barrica es el tipo bordelés, de unos 225 litros, aunque tampoco es extraño encontrar el tipo borgoñón, de 228 litros de capacidad. Ya en el marco español, la bota jerezana tiene una capacidad de unos 500 litros, además de tener la particularidad de que la madera empleada para el vino jerezano debe ser madera vieja, que ya haya gastado su carga tánica para evitar que la astringencia que otorga empañe la delicadeza jerezana.